viernes, 13 de junio de 2014

LA OTRA “TRABA” DEL COMERCIO EXTERIOR ARGENTINO

Las tristemente celebres trabas a las importaciones y las dificultades para exportar, además de la discrecional obligatoriedad para dicha labor, no son las únicas responsables de, como mínimo una recesión   en TODOS los aparatos productivos del país, sino que, además, se nos presenta otra realidad, que a mediano y largo plazo puede ser terminal, y que viene atacando al rubro, desde el 2014 sin prisa, pero sin pausa.
La nula tecnologizacion del puerto de Buenos Aires y sus cada vez más marcadas consecuencias económicas, para los que apuestan al intercambio de mercaderías con el resto del mundo, ven que cada vez  a modo operativo y con su lógica consecuencia en sus economías, merma dichas posibilidades de intercambio.
Gastos fuera del presupuesto por las demoras en los arribos de los buques (que operan para la impo como para la expo) y sus consecuentes extra costos, además de la potencial generación de incumplimientos contractuales con proveedores/clientes, hacen que, el camino del intercambio comercial, sea AUN MAS, con mas obstáculos que desde hace años la Secretaria de Industria, Comercio y Producción nos propone, haciendo casi una quimera el importar o exportar, desde artículos de consumo, de primera necesidad y de partes para el desarrollo de productos finales, con la capacidad de inserción en el mercado local e internacional.
Esta realidad no solo pega en el bolsillo de los que menos tienen, como ser PYMES y comercios noveles en el intercambio, sino que , de continuar con esta tesitura, no sería de extrañar que las políticas que rigen, para América Latina, se profundicen en aras de las estrategias de las grandes empresas del rubro como ser agentes de carga o líneas marítimas, que vienen optando, desde 2013 en instalar sus oficinas “para las ameritas” en Brasil y/o Uruguay, no solo a efectos rentabilidad (lógica en todo sector privado) sino también en previsibilidad en el cumplimento de las formas y los tiempos que el intercambio comercial a gran escala requiere.
Esto no solo genera una merma en nuestra ya golpeada balanza comercial, sino que, si esta tesitura empresarial, de los popes del comercio exterior, se profundiza, la perdida de fuentes de trabajo, está a la vuelta de la esquina para con los empleados del rubro, y las empresas o rubros “satélites” del mismo (no es menor que desde la implementación de las “trabas a las importaciones” el rubro y derivados, entrego la friolera de casi 200 mil personas al desempleo y/o a la informalidad laboral.
Si entendemos que somos un país, que depende , en gran medida, de la capacidad de inserción de sus productos en el mercado internacional, y que no solo para que esto ocurra, sino crezca, estos “pequeños grandes detalles” deben ser atendidos, ya que no solo se benefician las empresas que comercian, sino el estado (desde AFIP/ADUANA) si el volumen de cargas es mayor, ya que recauda mas, y si el mismo se expande, la generación de trabajo genuino, llegara mas temprano que tarde.
Es una tarea que se debe encarar, con resultados no en el corto plazo, pero que desde el mediano y largo, harán del puerto de Buenos Aires, una plaza atractiva, para que las empresas navieras del rubro, la consideren dentro de sus itinerarios de carga y descarga, ya que al igual que con los ferrocarriles, donde hay un puerto en funcionamiento, hay empleo y posibilidad de progreso.
El hacer funcionar, y tecnologizar la “marca” del “puerto de Buenos Aires” se impone como política, como coyuntura y como necesidad.

Franco R. Grande
Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales




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