EL
SISTEMA JUBILATORIO ARGENTINO, LA ESTAFA PERPETUA
Antes
de comenzar me gustaría aclarar que no soy Contador, ni Economista, ni Abogado
especialista en Derecho Previsional; por eso solicito a los lectores cierto
grado de indulgencia frente a algunos errores conceptuales y, al mismo, desafío
a los técnicos a intentar refutar mis opiniones, convencido de que me asiste la
razón.
El
sistema previsional argentino tuvo un comienzo errático, Hipólito Yrigoyen
estableció los primeros regímenes
jubilatorios con no pocos dolores de cabeza provocados por aquellos que no
deseaban sufrir descuentos en sus haberes aunque ese dinero significara un
ahorro para el futuro. A partir de 1946, con su particular “estilo”, Juan D.
Perón generalizó las jubilaciones y, con muchos aportantes y pocos
beneficiarios, las diversas Cajas Jubilatorias acumularon grandes cantidades de
recursos. Se diseñó el sistema para que hubiera cuatro trabajadores por cada
jubilado; los aportes del 12,5 % de los trabajadores sumados al 12,5% de los
aportes patronales representaba un sueldo completo y permitía garantizar el 82%
de jubilación y una pequeña “ganancia” a favor de las cajas.
Todos
conocemos en parte la historia. Las cajas fueron intervenidas y el Estado
Nacional comenzó a tomar prestados los fondos jubilatorios reemplazándolos por
documentos; al mismo tiempo los avances científicos y sociales permitieron
prolongar la expectativa de vida, los trabajadores se jubilaban más “jóvenes” y
vivían más tiempo, sin que nadie se atreviera a modificar las edades mínimas.
Todo esto, más las recurrentes crisis económicas, los aumentos del déficit
fiscal y una larga serie de etcéteras (entre las que deben incluirse las
“trampas” de los propios beneficiarios) llevaron al sistema a la quiebra y a
los jubilados a la pérdida de parte de su dignidad.
Dejenme
“saltar en el tiempo” para recordarles que, entre 2002 y 2003, la economía
argentina funcionó sin bancos. La realidad es que muy lejos de ser los “motores
de la economía” que se supone deben ser los bancos en nuestro país representan
un lastre limitados a comportarse como prestamistas del Estado. Así se comportó
la “Patria Financiera” y, como su natural heredera, así se comportaron las
AFJPs a partir de la privatización del
sistema; luego de cobrar sus comisiones y, en lugar de invertir los fondos en
actividades productivas, especularon comprando nuevos “Bonos Paga Dios” que
luego del Default de 2001 fueron refinanciados con una importante quita.
Llegamos
entonces al primer intento de reestatización del gobierno de los Kirchner,
realizado con un importante error táctico. Mientras que en los ’90 el
trabajador debía hacer explícita su voluntad de permanecer en el “Régimen de
Reparto” o ser pasado, de oficio, al “Régimen de Capitalización” en este primer
intento el trabajador debí a manifestar su voluntad de regresar a la Jubilación
Estatal; la burocracia estatal sumada a la desidia de los argentinos dio, como
resultado, un escasísimo número de pases y entonces Cristina jugó su carta: la
estatización por decreto.
El
Estado si hizo, entonces, con la administración de los fondos y una vez más se
apoderó de los mismos reemplazándolos por nuevos bonos. Se calcula que el ANSES
recibió treinta mil millones de dólares, ¿cuánta expansión económica podría
haber generado ese dinero si se creaba
un programa de créditos hipotecarios?; ¿Cuánta expansión económica se hubiera
generado si se hubiera invertido en infraestructura?; ¡Pero no!, se fomentó el
consumo de corto plazo, se le regalaron computadoras a los pibes de los colegios
secundarios (en muchos casos de los que en 2011 votaron por primera vez) y se
hicieron obras públicas de la manos de Julio De Vido, Lazaro Baez y Hebe de
Bonaffini.
En
síntesis, el Kirchnerismo se dedicó a dilapidar los fondos jubilatoriosRoberto A. Scigliano
Veterinario (UBA)

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